noviembre 22, 2022

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Pelea por la narrativa y el relato — Por: @RealAleGarcia

Ha quedado de manifiesto que para que las grandes transformaciones que necesita el país puedan darse, es clave pelear por la narrativa y el relato.

Ojo, el objetivo es mucho más amplio y profundo que dominar la agenda porque para que exista un cambio verdadero deben establecerse primero los cimientos de una nueva conciencia que se traduzca en beneficios para la mayoría social.

Dicen los clásicos que para ser de primer mundo hay que pensar como uno de ellos; sin embargo, la realidad nos dicta que no todos están listos para tolerar una alteración al status quo o la implementación de reformas progresistas.

En sociedades mediatizadas pasa algo muy peligroso porque para detener los avances de un gobierno que no satisface ciertos intereses, comienza a crearse un escenario que permita subvertir el orden legal y/o constitucional con miras al derrocamiento de éste.

¿Podemos caminar en democracia? Sí, pero la correlación de fuerzas tanto en lo mediático como en lo político debe estar más equilibrada para que este tipo de escenarios no ocurra.

La línea editorial de un medio de información puede ser conservadora, liberal, progresista, reaccionaria y/o revolucionaria; un periodista puede tener una interpretación, un enfoque o una valoración afín ya sea a la izquierda o la derecha, pero cuando se alteran los hechos pasan otro tipo de cosas, como el trumpismo, por ejemplo.

El poder mediático también juega

Se acumula poder en el ámbito empresarial, en las organizaciones sindicales, en la política y este fenómeno también se da en los medios. Los «poderosos» (nótense comillas) dentro de este ecosistema le hacen creer a los políticos que su suerte electoral depende de ellos y algunos sectores entienden que, aun cuando sus formas no son las mejores, tienen que caminar con ellos con tal de aparecer en repetidas ocasiones durante toda la semana.

Se sobre entiende que el precio es mínimo en comparación con el beneficio personal que puede obtener el candidato en cuestión, porque de vez en cuando debe dar un empellón a quien hoy gobierna.

Su papel es reventar al adversario con base en especulaciones, chismes, rumores, trascendidos y otro tipo de estratagemas de manipulación. Son los mismos que construyen titulares con mentiras, asociando conceptos corrosivos con un nombre y un apellido muy particular.

Mientras no se haga una reflexión al respecto, mientras los actores políticos sigan sin darse cuenta de que pueden ser nuevas víctimas de estos personajes y de su modus operandi, se estará socavando no solo la libertad, también la responsabilidad de expresión.

Dentro del ecosistema mediático mexicano claro que importa lo que sucederá mañana y lo que va a acontecer la semana próxima, pero hay que aprovechar un momento tan significativo como éste para preparar las batallas del futuro porque los grandes desafíos comunicativos no son coyunturales, son retos que deben sortearse con el pasar de los años.

Hay que apoyar a creadores de contenido con códigos audiovisuales distintos al resto porque los foros de televisión, los reflectores y el amplio equipo de maquillaje están quedando cada vez más en el pasado.

Por eso es importante llevar a cabo una reflexión y ser parte de una conversación en la que se tome en cuenta que hoy cada miembro de una familia consume cosas diferentes, que hay que estar preparado para ese tipo de transformaciones y que a partir de ahí se tome más en serio que el poder mediático también juega cuando tiene detrás a personas que sí son capaces de conectar con una ideología.

Cuando la clave es prevalecer en la reyerta por la narrativa y el relato es fundamental entender de qué lado estamos ¿de los que persiguen propiamente la guerra o de los que van buscando construir la paz?

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