julio 17, 2024

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Apuesta por el futuro — @RealAleGarcia

Cuarto de Guerra

Apuesta por el futuro

Por @RealAleGarcia

Si de algo no se puede acusar al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) a la hora de plantar cara y enfrentarse a la oposición es de falta de variantes. Se constituyó como asociación civil un 20 de Noviembre de 2012, ganó en 2018 cinco de nueve gubernaturas y de a poco logró hacerse de escaños que le posicionan como la principal fuerza política en el país.

Dentro de las líneas que dan forma a su estilo, lo ha intentado (casi) todo y ha obtenido triunfos importantes sin la necesidad de un repliegue total.

Para explicar el ascenso meteórico de la izquierda obradorista hay que remitirse al juicio de desafuero de Andrés Manuel López Obrador, actual mandatario mexicano.

La oposición impulsó sin querer a una especie de libertador que entonces perdió el fuero, pero ganó en términos de legitimidad, liderazgo y capital político, assets fundamentales para repetir en la boleta electoral seis años más tarde.

Luego de esas elecciones, el oriundo de Macuspana, Tabasco observó que difícilmente contaría con el apoyo del Partido de la Revolución Democrática (PRD), así que decidió quemar sus naves fundando su propio partido, calculando que los sufragios emitidos en su favor eran suyos y no del organismo político que lo abanderaba.

A unos años de distancia, la campaña de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo circuló por la misma autopista con tres carriles que recorrió López Obrador en su momento. Eso sí, con ligeros matices que explican los más de 30 millones de votos en favor del segundo piso de la Cuarta Transformación.

La «mafia del poder» ya no tiene en Televisa su única morada, pues de pronto aparece en Latinus y Atypical Teve.

Como en 2018, la campaña de Sheinbaum colocó la idea del triunfo inevitable y —ante la duda— se dedicó a generar confianza. En ese sentido se inscribe la generación de contenido original a través de podcasts, entrevistas, tweets y tiktoks.

Los actores con poder fueron bajando la guardia al darse cuenta de que todos caben en su proyecto, incluidos tanto los empresarios como ex militantes de Acción Nacional y Movimiento Ciudadano. Bajo esta lógica se entienden las incorporaciones de Altagracia Gómez Sierra, presidenta del Consejo de Grupo Minsa; Javier Corral Jurado, ex gobernador de Chihuahua y Gabriela Cuevas Barrón, ambos con trayectoria política en el blanquiazul; Esthela Damián, coordinadora de giras, quien comenzó su carrera en el PRD, ahora extinto y saltó a Movimiento Ciudadano, instituto político al que dimitió para enrolarse en MORENA.

La clave del éxito morenista está en ganar votos y perder vetos a través de trayectorias que, aunque en principio pueden sonar contradictorias a la razón de ser del movimiento, se encuentran sostenidas en el tiempo.

El plebiscito al que asistieron los votantes para decidir si se daba o no continuidad a la transformación propuesta por López Obrador demostró que es más cómodo gobernar estando todos los días en campaña que dirigiendo el país desde el escritorio.

La «marea rosa» terminó yéndose en la espuma de los días, la idea de bloquear avenidas abrió el tránsito de las ideas morenistas; la oposición se mantuvo a la espera de un resbalón, la presión comenzó a condicionarle los caminos, no encontraron la manera de emboscar y soltar el contragolpe porque la llamada «Cuarta transformación» procuró no dejarle jugar y fue a recibirla directamente en las urnas.

Los esfuerzos del equipo de Sheinbaum, como el trabajo del «Cuarto de Guerra» de López Obrador tuvieron algo en común: aunque diferentes entre sí, rara vez cambiaron durante la campaña. El domingo 2 de junio MORENA amplió sus registros.

Si la gestión de los tiempos, de la evaluación de los perfiles para hacerse con candidaturas y de la campaña en sí misma no resultó más eficaz para la oposición fue en gran parte responsabilidad de MORENA, que luego atacó con su habitual contudencia.

El Movimiento de Regeneración Nacional ya apuesta por el futuro de su organización, mientras la oposición busca respuestas en los líderes de antaño.

En la realidad política de México, la hegemonía se viste guinda y, para que este proceso sea longevo, cuenta con perfiles jóvenes que renovarán sus filas como la secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde; las senadoras electas Andrea Chávez, por Chihuahua y Julieta Ramírez, por Baja California; el diputado federal electo por Chiapas, Guillermo Santiago Rodríguez; Antonio Attolini Murra, legislador local en Coahuila; las alcaldesas electas, Circe Camacho, de Xochimilco; Gabriela Osorio, de Tlalpan; y Patricia Peralta, del municipio de Benito Juárez en Quintana Roo y Carlos Peña Ortiz, alcalde de Reynosa, además de Sebastián Ramírez, presidente del partido en Ciudad de México; Citlalli Hernández, secretaria General de MORENA y el secretario de movilidad del Estado de México, Daniel Sibaja.

México vive un nuevo capítulo de alternancia dentro de un ecosistema de «oficialismo» (nótense comillas) en el que los diversos estilos y pensamientos se encuentran con un guion que dista mucho de ser sencillo, con entresijos en los que el enemigo es de verdad y las alianzas se rompen fácilmente. Si algo puede ayudarle a gobernar a la doctora Claudia Sheinbaum es establecer que el control de la agenda lo tiene ella; que quien tiene el superpoder de establecer los temas y los tiempos de debate es el poder ejecutivo, que ahora hace equipo con la sociedad a través de una mayoría legislativa que hoy otros buscan impugnar.

Teniendo el control de la agenda, la conversación no va a temas trágicos, delicados o complicados, sino a las pensiones, las reformas en los temas torales o la pertinencia de los organismos autónomos.

Ahora se realizan los trabajos de transición y el proceso debe ser terso para no entorpecer la gobernabilidad. Puede ser que parezca que López Obrador sigue imponiendo su agenda, pero la gestión de Sheinbaum se encuentra en los albores.

Cada día, cada semana, cada mes y/o año le tocará a la mandataria reivindicar su trabajo, el de su partido y el de la administración anterior para que la historia guinda vaya más allá de su sexenio.

Veremos, en lo sucesivo, si la apuesta resulta exitosa para quien a todas luces no debería sentirse cómoda al no estar en campaña.

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