agosto 15, 2022

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Asesórate — @RealAleGarcia

Entre la discusión por la contratación de médicos cubanos, la novela por el supuesto veto de Eugenio Derbez en Televisa y la denuncia formal contra el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por el presunto financiamiento electoral no reportado, hay diversos personajes de la vida pública de este país que pugnan por tener un espacio en los titulares. Tristemente no han logrado su cometido y es, en buena medida, porque eligieron mal la época para hacerse notar. Hasta la fase de semifinales de la Liga MX ha arrebatado los reflectores. Y ojo, la semana que viene se disputa la final de la Champions League.

Meterse a la discusión de los macro proyectos de la presente administración gubernamental en estos días puede ser un arma de doble filo porque incluso en otros ámbitos habrá quién tome protagonismo. Están quienes aprovechan para navegar en aguas internacionales; quienes desde su papel institucional construyen discurso y quienes se conforman con aparecer con calzador en los noticiarios sin importar si tiene caso hacerlo o no. Ciertamente, a algunos actores el tener presencia en los medios ahora no les hace ningún favor porque exhiben, por ejemplo, escasez de pericia en el arte de afrontar a la opinión pública.

No todos se apellidan Azcárraga, Ayub, Bailleres, Bremer o Salinas Pliego; tampoco Ebrard, García Sepúlveda, Sheinbaum o Clouthier, así que quienes pretendan ser el nuevo faro que nos guíe a la nueva tierra prometida van a tener que ensayar un poco más. Y aquí cabe señalar que hay funcionarios que no tienen un lenguaje estridente, que no gritan, insultan o sacan a flote su beligerancia, pero cuesta trabajo encontrar alguna diferencia contundente entre sus mensajes y los de sus predecesores, si es que estas existen. Hay ocasiones en las que se confunde la nacionalidad con el nacionalismo y a éste último con el patriotismo, convirtiendola escena en un triste espectáculo que exhibe concluyentemente que ni ellos mismos conocen de lo que hablan.

Es por ello que la administración federal sigue ganando por goleada. Su modelo de juego está basado en una alta unidad colectiva, mostrándose como un bloque que difícilmente se descompone, aprovechando las bondades y la cooperación que sin querer ha tenido de su oposición.

Es claro que la reunión de políticos, activistas, artistas e intelectuales no persigue otro propósito que el de ampliar la cobertura opositora, preocupada por el auge de la 4T, que le ha robado la oportunidad de indignarse ante una realidad que le parece irritante.

Las relaciones entre las distintas corrientes de la Cuarta Transformación pueden estar bajo cero; es una realidad que los cruces de reproches se siguen acumulando y es insoslayable que los diferendos de opinión son cada vez más constantes. Sin embargo, la 4T sigue implacable su curso.

Mientras los actores políticos en el ámbito local, estatal y/o nacional sudan ríos para sacar adelante sus proyectos, más le vale a más de uno asesorarse bien para no cometer errores más allá de lo estrictamente inevitable.

Es un hecho que subirse a la ola mediática que incluye pleitesía y halagos cobra factura a quienes no encuentran el traje adecuado para promoverse. Hoy, para muchos, la mesa está dispuesta pero no han querido entrar en el gran comedor.

Existen alcaldes, ediles, legisladores y/o gobernadores que realizan algunas acciones, pero se notan poco. La realidad es que algunos personajes prefieren mantenerse en los mismos márgenes en los que se movían sus predecesores cuando la nula actuación de su parte se hace evidente y que en el afán de no generar crispación, tampoco destacan.

Con la asesoría correcta, los políticos descubrirán si sus decisiones fueron buenas o malas, si merece la pena seguir apostando por la comunicación transgénica que socorre hoy pero te desampara mañana o si toman el riesgo de que, entre cada remedio cosmético acabe saliendo a flote la cara menos suave o conciliadora que tienen y que servirá para dilapidar toda su gestión.

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