mayo 21, 2022

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Cuarto Acto—Crimen de Leso Espíritu— Por: @RealAleGarcia

Cuarto Acto

Crimen de Leso Espíritu

Por: Alejandro García Rueda

Derivado de la operación en la que Televisa y Univisión combinaron sus activos formalmente, se dio el lanzamiento de TUDN, un canal deportivo con la titánica tarea de ganar audiencias a sus competidores.

La nueva marca incluyó dentro de su programación una mesa de análisis y debate denominada «Línea de 4», en la que participan narradores, comentaristas y ex jugadores de futbol para dar seguimiento al acontecer no solo de la liga mexicana sino de otras latitudes.

En una de las emisiones más recientes, los narradores Francisco Javier Villa Escobosa y Enrique Bermúdez de la Serna emitieron duras críticas a la gestión de Santiago Baños Reynaud como presidente deportivo del Club América, uno de los activos estratégicos de la empresa.

Durante el programa expresaron su incredulidad frente al hecho de que la directiva azulcrema no lograra concretar la contratación de un extremo derecho, posición que, para Santiago Solari, director técnico del equipo, era importante reforzar.

Horas después de haber manifestado su opinión, Villa y Bermúdez difundieron a través de sus redes sociales la misma disculpa pública, un acto que fue interpretado como censura.

Este hecho no puede pasar inadvertido porque la censura, en cualquiera de sus formas es una calamidad. El atentado contra el pensamiento es, en palabras escritas por Gustave Flaubert a Louise Colet, “un crimen de leso espíritu”.

Constantemente se consignan las faltas de respeto a la libertad de prensa urdidas desde las estructuras del poder político, pero llama poderosamente la atención que esto pase ahora entre quienes realizan contenido deportivo.

Es una situación extraña, sobre todo si se considera que desde hace más de 16 años Televisa necesita un cambio discursivo para limpiar su imagen y generar credibilidad.

En la década de los ochenta, las águilas eran un activo totalmente protegido, la postura en los noventa alcanzó a ser matizada y lo cierto es que ahora la trayectoria de los comunicadores llega a un punto de inflexión.

La credibilidad de Villa, Bermúdez y de la propia televisora ha quedado afectada. Si estas disculpas fueron derivadas de la presión de alguien, estaríamos hablando de un mal precedente en el ejercicio periodístico.

¿Cuánto costará el «chistecito»? Solo lo saben quizá los involucrados y los que aun ahora ejercen el control de los comentarios.

Hoy, al interior de la empresa debe haber comentaristas que —en lo privado— estén confundidos por los eventos recientes y seguramente no sabrán si ejercer la crítica o no. Por si las dudas, muchos pasarán de largo.

A la luz de los hechos, se le está dando un nuevo golpe a la reconstrucción de esa credibilidad en la que estuvieron trabajando por décadas. El América tiene al enemigo en casa, pero no está delante de los micrófonos porque quien haya sido el autor intelectual de la estrategia no manejó el tema de la mejor forma.

Versiones sobre el origen de la disculpa inducida hay particularmente tres y dos de ellas comparten un común denominador: El desconocimiento del entorno.

La primera sostiene que Santiago Baños habría hecho saber su molestia a Joaquín Balcárcel, quien además de desempeñarse como jefe de staff de la empresa y ser uno de los encargados del área jurídica, se ha ganado el poder de tomar cierto tipo de decisiones a la salida de Yon de Luisa, ex director del comité de futbol de la televisora.

Otra versión apunta a que la queja de Baños recaló directamente en Estados Unidos, concretamente en Olek Loewenstein, presidente de contenidos de TUDN, quien habría tomado la determinación de solicitar una disculpa inducida.

Si las decisiones tocantes a los contenidos editoriales se toman desde un lugar ajeno o desde una posición, en este caso, lejana a las canchas no es extraño pensar que definitivamente no hay un conocimiento profundo sobre el entorno de lo que significa Televisa y de las repercusiones que tiene.

La tercera, que —en aras de justificar los eventos recientes— la coartada es cargarle el milagrito; al propio Emilio Azcárraga Jean, difundiendo la versión de que “esta enojadísimo y les pide que publiquen esa disculpa”.

Da la impresión de que, la de los narradores, no fue una disculpa por criticar a la institución o a los jugadores, es porque se metieron directamente con Santiago Baños.

En este país que sigue pensando qué quiere ser cuando sea grande se tiene que entender que la crítica fundamentada le hace bien a cualquier medio y la censura, por más férrea que sea no prevalece.

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