mayo 16, 2022

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Sí, hemos avanzado — Por @RealAleGarcia

Hay cosas de las que uno no está al tanto por diversas razones. Puede ser la edad, el que lo que suceda no tenga la mínima importancia o (figurativamente) la falta de memoria, pero hace 28 años nuestro país enfrentó un colapso económico bautizado como «el error de diciembre», mismo que dejó la devaluación del peso, la erosión de las reservas internacionales, una caída del Producto Interno Bruto, la quiebra de los bancos y miles de desempleados. Todo esto ocurrió unos días después de que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari dejara el poder y comenzara el sexenio de Ernesto Zedillo. Ninguno quiso hacerse responsable, pero todos fueron culpables.

Vicente Fox arrancó su administración con un nivel de aprobación del 80.2 %, pero fueron seis años de expectativas frustradas porque enarboló una bandera que no le correspondía, porque no supo o no pudo generar acuerdos, porque defendió la transición, aunque la propaganda institucional siguiera hablando de un «gobierno del cambio».

Hay cosas para las que la memoria es selectiva, otras tantas de las que uno no quisiera darse cuenta, pero algunos recordamos que el triunfo electoral de Felipe Calderón estuvo marcado por serios cuestionamientos, tanto que tuvo que entrar por una puerta trasera de la Cámara de Diputados para ser investido como presidente.

A mitad de su mandato, en Hermosillo, Sonora ocurrió el incendio en la Guardería ABC, ocasionando la muerte de 49 niñas y niños y heridas en más de 76. La responsabilidad del hecho alcanzaba incluso a una prima de la esposa del mandatario, quien llegó al poder gracias al impulso de empresarios e intelectuales.

El país fue otro de la noche a la mañana porque la discusión en el día a día se centraba en dos conceptos: Violencia y derechos humanos. Creyó que el plomo tenía que combatirse con plomo y sucedieron episodios como Villas de Sálvacar, San Fernando y Casino Royale, entre otros.

A la mala, se nos acostumbró a una nueva realidad marcada por verdades históricas que terminaron sin serlo, por la Casa Blanca y una debilitada confianza pública gracias a la serie de gobernadores que enfrentan o enfrentaron procesos judiciales. De la aceptación, pasamos a la resignación y la desesperanza, pero llegó la jornada electoral de 2018 y ahí los bríos de los mexicanos fueron renovados.

A un día de haber participado en el primer ejercicio de consulta sobre la revocación de mandato, quien esto escribe puede escribir que —aun cuando no fue un proceso vinculante— puede sentirse contento porque gracias a muchas personas ahora existe un mecanismo que permite evaluar a quienes nos gobiernan.

A través de una papeleta se esgrime una opinión, pero también se fortalece la democracia participativa que por un lado, permite abrir el sistema político y por otro, nos da la posibilidad de meter un freno en caso de emergencia.

La participación en una consulta como la de la revocación de mandato nunca pasó por el tema de la popularidad del presidente, que sabemos ronda el 66% acorde con resultados de Morning Consult, sino porque dentro de unos años podremos frenar lo que no nos gusta, lo que nos desencanta, lo que nos decepciona. Es hoy cuando podemos decir al jefe del Poder Ejecutivo que pare antes de que siga haciendo daño o animarle a seguir cuando veamos que hace un buen trabajo.

No se puede despedir a quienes aprobaron el FOBAPROA, a quienes nos sumergieron en una espiral de violencia o a quienes por mucho tiempo vendieron a México como el patio trasero de Estados Unidos, pero sí podemos, a medio mandato, señalar de ahora en adelante a quienes buscan lastimarnos.

No se pudo hacer nada en tiempos de Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas o Zedillo pero hoy, sin importar su filiación política, podemos levantar la voz categóricamente para poner un «¡Hasta aquí!» a quienes traten de causar dolor a la nación.

Por falta de edad, interés o conveniencia hay quien no lo ve, pero sin lugar a dudas hemos avanzado.

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