septiembre 19, 2022

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Cuarto Acto–Diría que sí– Alejandro García Rueda

Las matracas, los vítores y la ovación de pie para la Cuarta Transformación impulsada desde Palacio Nacional se ha ido apagando. Después de la elección del 6 de junio el sonido ensordecedor de las fanfarrias se ha ido extinguiendo y, ahora, la izquierda representada por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) debe buscar alternativas para recuperar esas zonas del país que le fueron arrebatadas.

El hecho de que la oposición haya logrado quitarle el poder en el Valle de México y en zonas específicas de la geografía nacional, como en el estado de Puebla, encuentra explicación en múltiples factores, entre ellos la vanidad, la soberbia de algunos por caminar con una “marca ganadora” y la falta de experiencia de otros que prefirieron activar el botón de silencio a una serie de consejos que bien pudieron marcar una diferencia.

En el análisis, MORENA debe entender que perdió espacios porque no supo convencer al indeciso; porque el llamado a “votar 3 de 3” luce hueco si detrás de él no hay un claro porqué. 

Si bien hay una franja de electores que no es propiamente de derecha y existe un voto duro, en dicha fuerza política se olvidaron de considerar que también está presente un sector de la población capaz de utilizar su voto para reprochar al gobierno.

Tanto quienes se abstuvieron como quienes sufragaron en favor de los adversarios, conformaron una franja decisiva en el proceso electoral del presente año. La alianza opositora salió fortalecida porque hoy el carisma y la personalidad del presidente no pudieron dar cobijo a todos sus candidatos, tal como sucedió en el 2018. 

Con todo lo que se ha dicho, es claro que la oposición aun tiene caudales electorales funcionales. Dentro del entramado de relaciones que puede tejer para ayudarle a gobernar, sabe que tiene que privilegiar el respeto a la labor de los medios de información pues, confrontarse de facto con ellos resulta contraproducente a corto, mediano y largo plazo. Serán una “piedrita en el zapato”.

Es justamente en su relación con los medios que la llamada “4T” debe trabajar intensamente. El presidente necesita ayuda, está agotándose el sistema en el que el mandatario sale por espacio de dos horas para poner la cara 2564 y escuchar acusaciones, señalamientos, exigencias o reclamos disfrazados de preguntas sobre lo que hicieron o dejaron de hacer quienes deberían estar apoyándolo. 

La fuerza, el músculo del Movimiento de Regeneración Nacional no reside solo en Andrés Manuel López Obrador, se extiende a su gabinete, a quienes laboran en dependencias, en embajadas, consulados y entidades de gobierno; pasa por quienes conforman las bancadas del partido tanto en la cámara de diputados como de senadores; llega a los servidores de la nación y desemboca en militantes, simpatizantes y en compañías solidarias. El engranaje es muy complejo, si una persona no hace lo que debe entonces el esfuerzo no sirve y es justo ahora que la 4T los necesita a todos.

Es preciso que quienes se mantienen en el barco tomen iniciativa, sumen puntos y se preocupen por saber comunicar de manera efectiva, con más detalles sobre cada tema. El trabajo de consolidación de ese movimiento va más allá de ocupar un espacio en las cámaras o en los ayuntamientos, tiene que ver con la difusión y para ello se necesitan refuerzos.  

Quienes fueron elegidos como alcaldes electos, quienes serán ungidos como regidores y quienes participarán como legisladores en los congresos local y federal deben ser conscientes de que les podría aguardar un escenario proclive a ser ríspido, por lo que es importante prepararse y asesorarse correctamente para intensificar el eventual contrataque cotidiano. 

Tratar de mimetizarse con el presidente no es la opción adecuada. Hacer pausas largas o confrontarse con algún sector restaría en términos de fuerza y credibilidad.

La 4T que ganó las intermedias debe profundizar en la explicación de lo que se está haciendo desde el gobierno y el Congreso. A los ciudadanos no les importa si se reunieron con empresarios, les resulta relevante a qué acuerdos llegaron y cómo se traducirán estos en beneficios.

¿Qué pasaría si, por ejemplo, se comienza a fortalecer “desde abajo” el mensaje? ¿Qué sucedería si los triunfadores en la elección comenzaran a manejar la agenda regional y salieran a hablar ante los medios de lo que pasa en las comunidades, del cómo se le brinda atención a las necesidades de la gente y de los planes para darles seguimiento? 

El presidente y el gobernador tienen un estilo muy particular de comunicar, de pronto sus declaraciones pueden no ser las mejores pero no la realidad es que ninguno de los dos pasa desapercibido ¿Qué efecto tendría para MORENA en su conjunto si hubiera alguien que funcionara como una suerte de “predicador”? Por supuesto que haría mucho bien considerando el escenario político actual. 

A ver, la oposición tiene en sus manos 15 gubernaturas de las cuales el PAN acumula 8; el PRI se adjudicó 4; MC ganó dos, y el PVEM se quedó con 1. Esto quiere decir que la relación de fuerzas está abierta y no significa algo menor. Está la recuperación de escaños en la cámara federal, hay una oposición política, empresarial e incluso mediática y, en el fondo, una desenfrenada lucha política de intereses ¿Vale la pena hacerlo? Diría que sí.

(Imagen de Neil Thomas en Unsplash)

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