julio 19, 2024

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Cuarto Acto–Por Alejandro García Rueda

Cuarto Acto

Conexión de Puntos

Por: Alejandro García Rueda

Hay momentos en los que la realidad supera todo tipo de expectativa. En los que, como en un juego de futbol, se puede estar a la altura del ambiente, de los cánticos y de las banderas. De todo un pueblo volcado hacia un personaje que ha dado un discurso memorable. De un individuo que repasa y conecta las piezas del rompecabezas. Sin importar en qué posición se encuentre, el candidato busca estar a la altura de la ciudadanía y de la camiseta que hoy defiende.

Cuando es aspirante, le toca lidiar en ocasiones con baches existenciales, con roces internos y con el brillo de la ausencia de una precampaña creativa. El arranque de la misma, sin embargo, siempre luce prometedor.

Hay lecciones que aplican a la vida personal, que se ciñen estrictamente a lo profesional pero también encuentran cabida en la política y una de ellas es depurar nuestra habilidad para conectar distintos puntos.

Ciertamente no todo es marketing. En este juego hay que ser tácticos y la mejor estrategia para ganarlo es la identidad, que –bien estructurada– es el símil de ese gol tempranero que llega para romper el hielo del clásico.

La identidad de cada político va definiendo su trayectoria. La consistencia de sus ideas, sus acciones, su capacidad de gestión, su desempeño, su historia y su personalidad; además de algunos rasgos de su personalidad, de su estilo al comunicar y sus valores abonan a la construcción de su carrera.

Es insoslayable que aun cuando el silbato inicial se ha dado ya, hay quienes prefieren esperar, quienes esbozan tímidos intentos agrandando más el terreno que pisan y quienes caminan sin claridad en ataque, precipitándose en cada jugada sin afianzar el control que otros les ceden.

Tener contacto con la identidad es una fina demostración de poder. Quien busca incrementar su liderazgo acude regularmente a un referente o a un ideal con principios válidos y vigentes.

En un contexto en el que ya no basta la razón para “vender” a un candidato, en el que hay que tocar la emoción de las personas en poco tiempo, bien vale la pena explorar métodos mucho más eficientes.

Hay lecciones que no llegan ataviadas con saco o vestido de gala, que no se dan en las aulas sino en las canchas y –para ilustrar el punto– merece la pena recordar lo que sucedió durante el partido América vs Chivas el domingo pasado, cuando Henry Martín, uno de los delanteros estrellas de las águilas fue, tal vez sin quererlo, muestra clara de lo que aquí se está exponiendo. 

Previo al cotejo, el defensa rojiblanco, Antonio Briseño señaló que el cuadro azulcrema carecía de identidad, algo que por supuesto caló hondo al interior del nido. Acto seguido, sin responder directamente y consciente de que no solo está arropado por una televisora sino que tiene los suficientes reflectores para maximizar su mensaje, el atacante esperó el momento para anotar dos goles al acérrimo rival y recrear dos festejos que hiciera famosos el actual gobernador del estado de Morelos, Cuauhtémoc Blanco pero ¿por qué traerlo a colación? 

Primero, Henry Martin no se cobijó en la figura de un jugador cualquiera, sino de uno hecho en Coapa, que portó en su oportunidad el dorsal “10”, cedido habitualmente a futbolistas con características excepcionales; necesitaba dar un golpe de autoridad y tomó para tales fines la imagen de un creativo que marcó una época vistiendo la camiseta del América. ¿La consecuencia? El fortalecimiento del vínculo que lo une con su afición. Goles son amores y hoy está disfrutando las mieles de su maridaje con el americanismo.

En el terreno político, merece la pena recordar cómo es que Barack Obama, a sabiendas de que el líder de hoy necesita transmitir emociones y llenar su discurso con algo más que palabras, se tomó una foto emulando a Rosa Parks, activista en favor de los derechos civiles de los afro descendientes o como exaltó su campaña encontrando cobijo en la figura de Martin Luther King; sin contar la ocasión en la que sostuvo un almuerzo con una mujer en Mineápolis que se lamentaba por que su marido había perdido el trabajo unos días después de que ella solicitara un crédito para estudiar. La reunión se produjo poco antes de que se tratara en el Congreso la posibilidad de brindar apoyo para refinanciar las deudas universitarias. El movimiento fue hábil, prácticamente cuando se produjera el debate, miles de ciudadanos ya habrían tenido conocimiento de los hechos y de la costumbre del presidente de leer cartas de los estadounidenses, con quienes fácilmente pudo comer una hamburguesa mientras escuchaba su precaria situación. Bajo el reflector de los medios se observó a un mandatario con capacidad de escucha pero también de enviar mensajes mucho más potentes.

Si se retoma la analogía futbolística, un candidato debería entonces establecer un tono inteligente de asociación, recurriendo al punto de vista de un consultor con el perfil de ese estratega que mira el partido a ras de pasto, que le conoce a profundidad y lo ayuda a achicar espacios, superar las condiciones adversas y a conectar las piezas de su identidad política para finalmente ponerla en valor echando mano de las herramientas de marketing disponibles. El gol de último minuto, el que cala hondo en el orgullo, se da en una silente pero efectiva conexión de puntos.

(Imagen de Ben Sweet en Unsplash)

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