septiembre 25, 2022

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Cuarto Acto – Alejandro García Rueda

La pasión de «nuestros colores»

Ana es una chica como pocas. Gusta de escuchar música de distintos estilos, le emocionan las charlas profundas y escribe sus reflexiones en una libreta estilo profesional con hojas a rayas; los lunes sigue religiosamente los partidos de la liga femenil de futbol soccer y en la tradicional sobremesa puede debatir de forma apasionada, honesta y civilizada sobre cualquier tema porque es una ávida lectora.

Francisco, llamado “Frank” por sus afectos, es quizá un poco más “cuadrado”. De pronto su capacidad de reflexión tenía una marcada tendencia a nublarse cuando el argumento giraba alrededor de un balón y también lo hacía con cuestiones enormemente más significativas.

En fecha reciente, el gobierno mexicano anunció un acuerdo por el que recibirá 24 millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V para hacer frente a la COVID-19 pero lo que objetivamente debería ser una buena noticia, terminó siendo presentada en los medios tradicionales como todo lo contrario, generando una discusión al interior de una videoconferencia de la que ambos tomaron parte.

Frank puso en piloto automático sus emociones y pese a que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ya autorizó el uso de la vacuna, repitió incesantemente que el gobierno determinó elegirla por ser la más barata y trató de demeritarla apoyándose en una nota periodística en la que se afirmó que el 14% de los vacunados presentó efectos secundarios. Dicho sea de paso, la desarrollada por Pfizer también los tiene.

Poco a poco comenzó a hervirle la sangre, hizo gala de un pintoresco lenguaje y dejando de lado la conciencia, la perspectiva que a veces solo brinda el tiempo y la distancia, insistió en conservar la ceguera.

Resultó toda una revelación ver que en pleno ejercicio de la libertad de expresión, en lugar de estimular la sana comunicación, el muchacho se limitó a proferir insultos y descalificaciones personales, como si cualquier opinión no concordante con su criterio solo pudiera ser fruto de una visión limitada.

Sin importar la beligerancia de su interlocutor, Ana tomó un profundo respiro. No era la primera vez que se generaban este tipo de reacciones y tampoco la primera que reviraba con argumentos y derribaba cada duda al respecto. Si el tipo con hablar aburguesado no se cansaba de incordiar, ella no lo haría tampoco.

La ola de coronavirus pegó con dureza en territorio nacional, el número de contagios sigue en aumento y ha visitado tanto al presidente López Obrador como al magnate Carlos Slim, el hombre más rico de Latinoamérica.

Por si fuera poco, Pfizer ha tenido retrasos en la entrega de las dosis con casi todas las naciones con las que generó alguna clase de compromiso. De las 400 mil que México esperaba en forma semanal, apenas recibirá la mitad de 5 millones acordadas a finales de marzo, por lo que incluso la Secretaría de Salud se planteó retrasar la aplicación de la segunda dosis de la vacuna de este laboratorio para poder ampliar el número de personas vacunadas.

A este país le toca actuar de la misma forma en que hace un comerciante cuando se le acaba el stock y si el proveedor de costumbre no es capaz de surtir lo que necesita, busca alternativas que le permitan hacerle frente al futuro. Además de recibir 24 millones de dosis de Sputnik V, llegarán 35 millones más de la vacuna desarrollada por CanSino Biologics, de China.

Llama también la atención que en plena globalización e híper conexión se siga perpetuando un patrón en el que surgen la preocupación, el pánico y el esceptiscismo con aquello que no proviene de Estados Unidos o de Europa Occidental. Algunas voces incluso mal gastan el tiempo aire y recurren al gastado recurso del melodrama.

En su realidad, Ana juega como arquera pero por un instante quiso colgar los guantes y ponerse la casaca de árbitro para controlar las acciones “del partido” a punta de tarjetas rojas. Y es que algunas personas creen fervientemente que, si no coinciden con las suyas, las opiniones de otros son solo argucias para acomodar la realidad conforme a oscuros intereses editoriales o personales. Si lo que se dice no “hace match” con tal o cual modo de pensar, suponen que se está implementando un operativo dedicado a maquillar lo que se ve para presentarlo como real.

Haciendo acopio de paciencia decidió continuar para sanear la visión manquea de una vacuna de la cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya tenía conocimiento. No recurrió a cualquier nota periodística, refirió las publicaciones que la revista científica “The Lancet”, con cierto renombre, dedicó desde Septiembre de 2020 a Sputnik V.

Cuesta creer que Rusia, un país que alcanzó el millón de dosis aplicadas y que mantiene acuerdos con Argentina, Bolivia, Paraguay, Venezuela, Irán y Emiratos Árabes sea medido de una forma tan extraña cuando la propia canciller alemana Angela Merkel ofreció su apoyo para la entrada de la vacuna a la Unión Europea.

Esta no era la eterna discusión que sostienen el madridista y el culé, pero lo parecía. En esa diatriba, el mundo se redujo a un juego entre conspiradores y agitadores, entre nostálgicos y resultadistas que ven un mundo sin matices.

La gran verdad que debemos afrontar es que una cosa es la simpatía o antipatía que puede generar alguno de los actores políticos coyunturales, con sus bemoles y sostenidos, y otra es partir de allí para esgrimir argumentos con tendencia a generalizar, colocando en la misma bolsa –y según convenga– pasajes de la historia, filiaciones políticas o arengas patrioteras.

La defensa a ultranza de “nuestros colores” –nótense comillas– no puede o debe poner una venda en nuestros ojos los ojos. Está bien tener dudas, cuestionar y discutir lo que pasa en el mundo pero adquiere enorme valor asegurarnos que las pasiones que esto despierta, todavía nos dejan ver otras perspectivas. Para que no nos abracemos a cualquier consigna con la misma pasión con la que nos abrazamos al equipo de nuestros amores.

(Imagen de Taras Chernus en Unsplash)

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