Hay críticas que ya no buscan entender.
Buscan borrar.
Borrar datos. Borrar memoria. Borrar la historia de millones de mexicanas y mexicanos que, todos los días, sacan adelante este país.
Y es que cuando una nación comienza a cambiar de raíz, a los privilegios les duele… y gritan.
Hoy, a siete años del inicio de la Cuarta Transformación, conviene detenernos un momento y hacer algo verdaderamente revolucionario: mirar los hechos.
No los encabezados.
No los memes.
No la nostalgia del pasado corrupto.
Los hechos.
La Cuarta Transformación y el dinero que volvió al pueblo
Por primera vez en décadas, el presupuesto público dejó de ser botín de unos cuantos. Se terminaron los moches, los intermediarios y las cajas negras.
Hoy, las personas adultas mayores reciben una pensión constitucional; millones de jóvenes estudian y trabajan con apoyos directos; las personas con discapacidad cuentan con ingresos garantizados; y las y los campesinos reciben fertilizantes y precios de garantía.
Justicia social, no asistencialismo
El cambio más profundo no está solo en las cifras, sino en la forma: el dinero ya no “baja”, llega directo. Eso no es asistencialismo. Se llama justicia social.
Las críticas al cambio: miedo, no análisis
Hay críticas que no nacen del análisis, sino del miedo. Miedo a perder privilegios. Miedo a que el país ya no sea de unos cuantos. Miedo a que la memoria colectiva pese más que la manipulación.
Siete años después, la reacción es predecible: negar lo evidente, caricaturizar los avances y repetir que “todo está mal”, como si repetirlo lo volviera verdad.
Pero la realidad, terca como es, sigue avanzando.
La corrupción no era cultural: era poder
Durante años nos dijeron que la corrupción era “cultural”. La verdad es otra: era estructural y dirigida desde el poder.
En estos siete años no hubo condonaciones fiscales a grandes empresas; exfuncionarios intocables hoy rinden cuentas; el avión presidencial dejó de simbolizar el lujo ofensivo y el poder dejó de ser un cheque en blanco.
En 2018 no comenzó solo un nuevo gobierno: se rompió un pacto silencioso de corrupción, desigualdad y simulación. Andrés Manuel López Obrador no ofreció milagros, ofreció un principio incómodo: el poder solo tiene sentido si sirve al pueblo.
Economía sin deuda y salario mínimo histórico
En medio de crisis globales, pandemia e inflación internacional, México resistió sin endeudarse como antes. El salario mínimo creció más del 100% en términos reales, se fortaleció el mercado interno y se protegió el gasto social. El dogma neoliberal quedó expuesto: no era ciencia económica, era el manual del despojo.
Infraestructura para integrar al país
Antes se construía para favorecer negocios privados. Hoy se construye con visión de país:
- Tren Maya: desarrollo para el sureste olvidado
- Corredor Interoceánico: alternativa logística global
- Refinería de Dos Bocas: soberanía energética
- AIFA: funcionalidad sin deuda impagable
No son caprichos. Son decisiones estratégicas de largo plazo.
Veracruz: de botín a proceso de reconstrucción
En los estados gobernados por Morena, el cambio comenzó a sentirse en lo cotidiano. Veracruz es ejemplo de ello: tras años de abandono, saqueo y deuda, inició un proceso de recuperación institucional, social y financiera.
Hoy se fortalecen programas sociales, se invierte en infraestructura pública y se reconstruye la relación entre gobierno y ciudadanía. No es un proceso terminado. Pero ya no camina hacia atrás.
Coatepec: cuando la transformación se vuelve real
Es en lo local donde la transformación se vuelve tangible.
En municipios como Coatepec, la Cuarta Transformación deja de ser discurso nacional para convertirse en expectativa concreta: servicios básicos, justicia social, cercanía y participación ciudadana.
Aquí, donde la política siempre tuvo rostro, se abre la posibilidad de que el poder vuelva a tener sentido público.
Claudia Sheinbaum y la continuidad del rumbo
La etapa que hoy encabeza Claudia Sheinbaum no busca empezar de cero, sino consolidar lo avanzado, corregir lo necesario y profundizar un modelo donde estados y municipios —como Veracruz y Coatepec— sean protagonistas del cambio.
Conclusión: siete años después
Siete años no lo resolvieron todo. Nunca fue la promesa.
Pero siete años sí cambiaron el rumbo.
Por eso la crítica es estridente: no combate datos, combate esperanza; no defiende futuro, defiende privilegios.
La Cuarta Transformación sigue en marcha, construyéndose desde lo local hacia lo nacional, con el pueblo como protagonista.
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