Tienen todo: los medios, los micrófonos, el dinero, la narrativa.
Tienen también algo más peligroso: la capacidad de hacernos dudar de nosotros mismos. Apelan al miedo, porque el miedo paraliza y un pueblo petrificado es un pueblo que no es capaz de defender lo que ya es suyo.
No es casualidad. Los mismos que hoy se presentan como “alternativa” son los que hundieron al país durante tres décadas: Los que en 1988 llegaron con la promesa de modernidad y lo único que modernizaron fue el saqueo; los que vendieron más de 400 empresas del pueblo a precios de remate; los que redujeron el gasto en salud, educación y campo, condenando a millones al abandono.
Los que llamaron “reformas” a los pactos de impunidad que nos arrebataron derechos son los mismos que privatizaron lo público, corrompieron lo político y convirtieron la desigualdad en destino.
Después vinieron los que prometieron el cambio y solo cambiaron de manos el poder. Nos dejaron una guerra sin sentido, más de 200 mil fallecidos, fosas, miedo y un país desgarrado. Gobernaron como si México fuera una empresa, no una nación y cuando se marcharon, dejaron ruinas: económicas, morales y humanas.
Por eso en 2018 México dijo “basta”. Por eso comenzó una etapa distinta. En apenas unos años, se duplicó el salario mínimo, se aumentaron las pensiones para adultos mayores, se universalizaron las becas estudiantiles y se rescató la soberanía energética.
Más de 13 millones de personas salieron de la pobreza, según datos oficiales. Por primera vez en décadas, el poder se distribuye hacia abajo, no hacia arriba.
No es perfecto. Nadie dice que lo sea. Pero hay algo innegable: El país dejó de esperar milagros y empezó a construirlos.
Bajo el liderazgo de la presidenta Sheinbaum, el país ha entrado en una nueva era: Durante el primer año de su mandato se registró una caída significativa en homicidios dolosos, una inflación controlada y desempleo en niveles mínimos históricos; la inversión extranjera directa se disparó a más de 36,000 millones de dólares en el primer semestre de 2025, marcando un récord en la historia reciente de México; más del 80% de las familias mexicanas reciben al menos un apoyo directo del gobierno federal y no sólo eso: el déficit habitacional comienza a abordarse seriamente, con un plan para construir 186,000 nuevas viviendas en 2025, entregar un millón de escrituras y recuperar 600,000 casas abandonadas.
Del mismo modo, en el estado de Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle ha dado muestras concretas de gestión con rostro humano y resultados claros: Destaca una recaudación estatal 18% mayor y una reducción de la deuda en 27%; la rehabilitación de 28 unidades médicas junto a la puesta en marcha del programa “Camionetitas de la Salud” para llevar medicamentos y atención a comunidades; más de 1.2 millones de becas fueron otorgadas, se eliminó el cobro de inscripción y reinscripción en universidades tecnológicas y se implementó la estrategia “Nunca es tarde para aprender” en varios municipios; se han dado avances sustanciales en infraestructura carretera, modernización de servicios de agua y saneamiento, así como el fortalecimiento cultural y turístico y existe una coordinación y articulación con el gobierno federal para atender de manera conjunta problemáticas diversas.
Sí, siguen existiendo retos. Sí, aún quedan batallas por delante. Pero cuando un país deja de conformarse con migajas y exige transformación se habla de un viraje verdadero: de la resignación al empoderamiento, de la estadística al bienestar, de lo posible a lo alcanzado.
Y es justo ahora cuando el viejo régimen intenta volver.
Ya no desde los palacios, sino desde los reflectores.
Con “influencers”, banqueros, comentaristas y voceros del caos. No debaten ideas: fabrican confusión. No proponen futuro: reeditan el miedo.
Quieren que hablemos de relojes, trajes, viajes o tenis…porque mientras miramos eso, dejamos de mirar lo importante: quiénes realmente se beneficiaban cuando México se desangraba.
Su estrategia es la misma de siempre: siembran el miedo, lo riegan con mentiras y cosechan resignación cuando transitamos por un México distinto, más vivo, más despierto y lo cierto es que la decisión que nos toca tomar está entre avanzar o retroceder, entre recordar o repetir.
Ellos quieren que olvides y aun así hay quienes recuerdan para no volver a lo mismo.
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